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Xenoblade Chronicles: Definitive Edition

Xenoblade Chronicles: Futuros Conectados no es el epílogo que esperas

El capítulo extra de la Definitive Edition es verdaderamente inesperado.

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Cuando Torna: The Golden Country se anunció, todos los que jugamos a Xenoblade Chronicles 2 nos imaginábamos la historia que nos iba a contar. El DLC que viajaba atrás en el tiempo tenía un contexto temporal claro y, como tal, debía portarse bien para no crear unos agujeros de guion que rompieran la maestría con la que se desarrollaba el juego base a nivel argumental no solo consigo mismo, sino con todo el 'lore' de la saga.

Por eso, cuando Nintendo anunció el epílogo de Xenoblade Chronicles: Futuros Conectados, el entusiasmo de la comunidad fue brutal. Monolith tenía la oportunidad de experimentar, de poner la primera piedra para una futura entrega, de seguir dando pistas del rumbo que tomará la saga y, en definitiva, de zambullirse en un océano de posibilidades.

¿Y qué hemos acabado recibiendo? Lo que menos esperábamos.

Xenoblade Chronicles: Definitive Edition

Quienes hayan visto Breaking Bad seguramente se preguntarían hasta qué punto podría llegar aquella película que se estrenó después, El Camino. Ese arco redentor para un Jessie maltratado por la vida a la que le llevó Walter White era un pretexto para dar el espectáculo perfecto con el que saciar la sed del fan, puro fan-service, como solemos decir. Pero sabíamos a lo que íbamos cuando nos sentamos a verla,porque era imposible desarrollar más sin destrozar el magistral cierre firmado por Vince Gilligan. Futuros Conectados es perfectamente comparable a ese largometraje.

Con este epílogo no sabíamos a lo que íbamos, aunque sí teníamos alguna que otra pista. Por una parte, juega con la nostalgia al permitirnos recorrer por fin el hombro de Bionis, una localización que ya se proyectó en su momento, pero que jamás llegó a la versión final del juego. Por otra, su mera existencia invitaba a pensar que esto serviría para dar un paso, por tímido que fuera, hacia el horizonte de la IP. La ocasión era doblemente buena para el fan. No solo iba a recorrer esa sección con la que siempre había fantaseado, también iba a ser el lugar que empezara a trazar el camino hacia el futuro.

El problema es que ese camino ha estado lleno de baches y ha llevado a un punto sin salida. Creedme cuando os digo que no esperaba algo así, pero el capítulo añadido por Monolith no es más que un desfile para Melia, una forma de ofrecer a los jugadores una buena ración de fan-service de este personaje, y nada más. Y eso no es malo, de hecho, no importa que Shulk se convierta en algo secundario. La idea nos atraía en las primeras horas por lo valiente que resultaba al relegar a un segundo plano al que siempre ha sido representante de la franquicia, sin embargo, la ejecución general no ha hecho más que mermar nuestro interés con el paso de las horas.

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La historia se ubica un año después de los eventos de Xenoblade Chronicles, en un viaje hacia Alcamoth con el que Melia quiere intentar repoblar la capital para que su raza, o lo que pueda quedar de ella, siga hacia adelante. En pleno camino, algo ataca a la aeronave en la que ella y Shulk se dirigían a la localización, y acaban cayendo en el hombro del titán Bionis.

Ese punto de partida ya plantea una nueva amenaza que cualquiera trataría de conectar con otras entregas. El Señor de la Niebla es el enemigo principal aquí, y el peligro de su malévola presencia se intensifica por un vórtice que lo ha traído a este lugar y le ha permitido apoderarse de Alcamoth. Este agujero dimensional sigue creciendo y puede convertir a los monstruos normales en amenazas mucho más peligrosas: Nebularios.

La premisa hasta ahí no se sale de los márgenes, el problema llega a medida que se avanza en la historia (una que hemos podido completar en unas 9 horas). Los acontecimientos que van teniendo lugar llevan al reencuentro con personajes que se creían muertos, y también te empiezan a hacer deambular por este territorio constantemente. Justo aquí llega uno de los principales problemas.

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En todo RPG, parte del encanto se centra en descubrir nuevos territorios a medida que avanzas en tu historia. Aquí, el mapa está delimitado por esta zona de Bionis. Es grande, realmente grande, pero tardas muy poco en familiarizarte con ella, y eso lleva al tedio en poco tiempo. Tedio porque, entre otras cosas, la mecánica de reclutar Ponspectores se traduce en ir de un lado a otro para recoger objetos y dárselos, o acabar con enemigos para que no se sientan amenazados. Y sí, eso te obliga a rehacer el camino en más de una ocasión por este territorio.

No es la primera vez que nos topamos con misiones de recadero en un juego de rol, tampoco será la última. La cuestión es que gran parte de Futuros Conectados se limita a llevarte de un lugar conocido a otro que también conoces constantemente. La sensación de descubrimiento se desvanece en muy poco tiempo y, aunque se guarde una pequeña sorpresa para quien reclute a todos los Nopón, esta ni de lejos vale el esfuerzo invertido.

Todo eso lleva a un final anticlimático y que termina de dejarnos claro que lo peor de este epílogo es su nombre, porque nos ha llevado por una senda equivocada todo este tiempo. Todo el que crea que esta historia servirá para descubrir algo de lo que llegará más adelante de mano de Monolith se equivoca. Futuros Conectados trata de la conexión entre las razas que quedan en Bionis, de cómo todos los futuros de los personajes que conocimos se entrelazan en la armonía de este nuevo mundo y de cómo Melia por fin puede sentarse en el trono que le corresponde.

No hay una gran revelación final, no hay siquiera una sensación real de desenlace, no hay nada que aporte algo realmente importante a la trama. El argumento se mantiene plano en todo momento, con personajes que disimulan fatal sus intenciones y con un cierre que es de todo menos sorprendente. Uno no esperaba encontrarse con un capítulo de relleno a estas alturas, no viniendo de una Monolith que siempre se guarda un as en la manga al terminar sus historias. Puede que esconda algo que no hayamos sido capaces de ver, o que el equipo rescate algo de lo que aquí sucede en algún juego más adelante.

Pobre Melia, su oportunidad para brillar se ha desperdiciado: Futuros Conectados es El Camino de Xenoblade Chronicles.

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